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miércoles, 6 de abril de 2022

La Guerra Civil Española (1936-39) y su interpretación en clave anarco-trotskista; Equipo de Bitácora (M-L), 2022


«En esta sección se abordará el hecho de cómo la «Línea de Reconstitución» (LR), y tanto sus representantes oficiales como extraoficiales, han dedicado sus mayores esfuerzos no con vistas a realizar un análisis histórico de valor que supere lo visto hasta ahora, sino enfocado a sugerir que debemos recuperar lo peor de lo peor de la historiografía sobre la Guerra Civil (1936-1939). Por ende, nos veremos obligados a repasar brevemente −documentación en mano, a veces inédita en castellano− varios temas polémicos como: a) ¿Mantuvo el PCE una postura pequeño burguesa respecto a la colectivización de la tierra?; b) ¿En qué se basaban las «socializaciones» de los faístas, caballeristas y trotskistas?; c) ¿Puede considerarse al POUM un partido trotskista? d) ¿Es buena idea recomendar sin filtro cualquier obra con el sello de «clásico» de cualquier historiador académico que tiene el estatus de «eminencia» −aun cuando solo contiene mitos y clichés−?; e) ¿Cuáles son las obras que sí han arrojado luz verificando los datos y hechos? Entiéndase que este es solo un esbozo que pretende ser el principio de un futuro estudio mayor, que realizaremos cuando nuestras tareas nos lo permitan −y el lector sabe que nosotros, a diferencia de nuestros adversarios, no hablamos por hablar−.

¿Mantuvo el PCE una postura pequeño burguesa respecto a la colectivización de la tierra?

¿Qué es lo que nos ofrecen aquí los representantes de la «Línea de la Reconstitución» (LR) respecto al siempre polémico tema de la guerra civil? Una vez más la «lucha de dos líneas» entre los neomaoístas ha reservado para la historia muchas sorpresas y giros inesperados, y de nuevo no nos han decepcionado sus jugosas conclusiones. Poco a poco se fue larvando en la LR una nueva postura tendiente a reproducir los mitos de la historiografía trotskista del siglo pasado, especialmente aquella dirigida hacia el Partido Comunista de España (PCE) y el periodo de la Guerra Civil Española (1936-39). El «balance» de los «reconstitucionalistas» bien podría haber sido firmado por los mismísimos Kean Loach o George Orwell. Vean:

«El PCE sacrificó toda medida revolucionaria aunque fuera promovida por la iniciativa espontánea de las masas: bloqueó la colectivización de la tierra −que en muchos casos era un deseo sincero de los campesinos, dejando que el anarquismo monopolizara y capitalizara la defensa de una medida intrínseca al marxismo−». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)

En la misma publicación los «reconstitucionalistas» se quejaban de que el PCE se hubiera prestado durante la guerra a:

«La defensa de la pequeña propiedad burguesa». (Partido Comunista Revolucionario (Estado Español); La Forja; Nº9, 1996)

¡Vaya! ¿Habrían leído alguno estos burros la literatura marxista clásica en torno a la cuestión de la propiedad agraria y las diferentes capas sociales, como, por ejemplo, la obra polémica de Engels «El problema campesino en Francia y Alemania» (1894) o el grueso tomo de Karl Kautsky «La cuestión agraria» (1899)? En la primera de las obras mencionadas se decía: «Es tan evidente que cuando estemos en posesión del poder del Estado, ni siquiera pensaremos en expropiar a la fuerza a los pequeños campesinos −con o sin compensación−, como tendremos que hacer en el caso de los grandes terratenientes», por ende,  «nuestra tarea relativa al pequeño campesino consiste, en primer lugar, en efectuar un tránsito de su empresa privada y propiedad privada a cooperativas, no por la fuerza sino a fuerza de ejemplo y de la prestación de asistencia social para este fin». 

sábado, 11 de julio de 2020

Cuba, Venezuela y Nicargua como sedes del trotskismo actual...


«Para algunos otros, la lucha contra el trotskismo presupone –lo reconozcan o no– la única lucha ideológica lícita contra el revisionismo –como demuestra su praxis–, suelen ignorar e incluso condenar la lucha de los marxista-leninistas contra el resto de corrientes revisionistas que no sea estrictamente esa. Y de hecho, se llega a la contradicción extrema de criticar al trotskismo, sus tesis, autores y movimientos, cuando a la vez apoyan a corrientes, figuras y regímenes enormemente influenciados por el trotskismo.

De ahí que por ejemplo que veamos a los hooligans del revisionismo cubano hablar contra el trotskismo sin saber remotamente sus fundamentos, pero aún así calificando las opiniones y posiciones de los verdaderos marxista-leninistas como «análisis trotskistas», cuando lo cierto es que el único trotskismo que se estimula es el de «su» régimen castrista, el cual es conocido por recibir y publicitar a autores trotskistas como Eduardo Galeano, Santiago Alba Rico, Marta Harnecker, Atilio Borón, Néstor Kohan, Ignacio Ramonet o Celia Hart; llegando al extremo de financiar directamente al trotskismo y sus representantes como hace la editorial Ciencias Políticas, que publica libros de análisis trotskistas con introducciones de Alan Woods, entrevistas en Granma, así como charlas a través de instituciones como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). 

Para nuestros amigos revisionistas esto quizás sea una sorpresa, pero para los que estamos informados esto ya no nos resulta extraño, ya que han existido reconocidos trotskistas dentro del gobierno cubano y sus instituciones, como fue el caso del ex Ministro de Cultura cubano Abiel Prieto [1] o el caso de Frank García Hernández, Investigador del Instituto Cubano de Investigación Cultural. 

En Nicaragua tenemos como paradigma al señor Daniel Ortega o al también infame Carlos Fonseca Terán, que reivindican sin sonrojo a Trotski, Bujarin o Tito en varias de sus obras conocidas [2]. Lo mismo cabe decir de Venezuela y el populismo chavista [3]. En todos estos países el trotskismo no solo es saludado sino que su propaganda es difundida ampliamente con apoyo gubernamental. Es más, salvando las distancias con países como Argentina donde la influencia del trotskismo siempre ha sido notable por sus organizaciones, se puede concluir que el trotskismo no recibe tal apoyo propagandístico y mucho menos de gobierno en ninguna otra parte.

Ha habido un claro esfuerzo por ganarse el favor de la «izquierda» domesticada de Europa y Latinoamérica, esa intelectualidad aburguesada y mercenaria que cambia de referentes según sople el viento pero que sin duda tiene cierta influencia en lugares como las universidades. Ahora... nadie puede pensar que esto ha sido algo altruista, sino una operación premeditada de los gobiernos latinoamericanos. Hemos visto como los Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón o Pablo Iglesias han disfrutado sido asesores de gobierno, han colaborado en diversos «estudios para la región» cobrando notorias sumas de las arcas públicas de dichos países, un nepotismo tan legal como moralmente repudiable. A cambio se comprometieron desde sus medios de comunicación y círculos de influencia a colaborar en el blanqueamiento de estos «gobierno del cambio», algo que se ha hecho sistemáticamente desde los «grandes medios» y los «medios alternativos».

Los servicios prestados del castrismo haciael trotskismo han sido bien recompensados. Pondremos solo un ejemplo palpable... en España, si miramos al grupo trotskista por antonomasia de hoy, Izquierda Anticapitalista, defiende como todos los grupos antitrotskistas de Europa la «dinámica antiimperialista, y el carácter nacional, popular, socialista de la revolución de 1959» (sic), otros grupos trotskistas incluso han hablado de «socialismo», lo que indica una vez más que las difusas y oportunistas acepciones del castrismo sobre lo que es una «revolución», «socialismo», «pueblo» o «antiimperialismo» son similares al trotskismo. 

En este mismo país, varios de los grupos que se dicen antitrotskistas, tienen una visión similar sobre Cuba... desde el todavía eurocomunista PCE [4], su escisión brezhnevista: el PCOE [5], otra vieja escisión brezhnevista del PCE: el PCPE [5], la escisión del PCPE: RC [6], la maoísta IC [7], sin olvidar el castrismo-guevarismo del refundado PCE (m-l) [8], que salvo el nombre no tiene nada que ver con el antiguo, algunos incluso hacen actos específicos en defensa de Cuba. No sin razón, algunos de estos grupos defienden pensamientos trotskistas oportunistas como la idea de que puede existir un Estado políticamente proletario bajo una economía socialista bajo una dirección capitaneada por revisionistas en el partido dirigente.

Como se ve una vez más, el revisionismo se ahoga en su mar de contradicciones». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)

martes, 17 de septiembre de 2019

Lenin comentando a Kollontai en 1915 el oportunismo de Trotski sobre las guerras


«Estimada A. M.: Nos ha alegrado mucho la declaración de los noruegos y los esfuerzos realizados por usted en cuanto a los suecos. ¡Sería endiabladamente importante lograr una declaración internacional conjunta de los marxistas de izquierdas. Una declaración de principios es lo más importante y, por el momento, lo único posible.

A mi criterio, tanto Roland-Holst como Rakovski –¿vio su folleto en francés?– y como Trotski son todos «kautskistas», los más dañinos, en el sentido de que todos ellos, en diferente forma, son partidarios de la unidad con los oportunistas, todos, en diferente forma, embellecen el oportunismo, y todos ellos –de diferente forma– predican el eclecticismo en vez del marxismo revolucionario. 

Creo que su crítica del proyecto de declaración no muestra –si no me equivoco– serias diferencias entre nosotros. Considero erróneo en teoría y perjudicial en la práctica, no hacer una distinción entre tipos de guerra. No podemos estar en contra de las guerras de liberación nacional. Usted cita el ejemplo de Serbia. Pero si los serbios estuvieran solos contra Austria, ¿no estaríamos acaso en favor de ellos? 

El fondo del asunto ahora es la lucha entre las grandes potencias por el nuevo reparto de colonias y por el sometimiento de las pequeñas potencias. 

¿Una guerra de la India, Persia, China, etc., contra Inglaterra o Rusia? ¿No estaríamos nosotros en favor de la India contra Inglaterra, etc.? Llamar a esto «guerra civil» es inexacto, es una exageración evidente. Es sumamente perjudicial extender mucho el concepto de guerra civil, porque empaña la esencia del problema: una guerra de los trabajadores asalariados contra los capitalistas de un Estado determinado. 

Al parecer, son precisamente los escandinavos los que están cayendo en un pacifismo pequeñoburgués –y provinciano, kleinstaatisch–, al negar «la guerra» en general. Eso no es marxista. Hay que combatirlo, lo mismo que su repudio a la milicia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Carta a A. M. Kollontai, 4 de agosto de 1915) 

jueves, 18 de julio de 2019

Kohan «corrigiendo» los errores de Marx, Engels y Stalin; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Nuestro Don Quijote en versión argentina y trotskizante no se contenta con recomendarnos autores como Lukács que manchan el nombre del marxismo, sino que directamente se atreve a hablar de los clásicos del marxismo y corregirlos. 

A Marx llegaría a tacharlo de desinformado y de poco menos que mercenario, ya que su artículo sobre Bolívar no le es de su agrado por su contenido, algo por otra parte normal para un trotskista simpatizante con el socialismo del siglo XXI donde la figura de Bolívar ocupa una parte central del pensamiento revisionista de esta corriente:

«Marx realiza una evaluación sumamente negativa de Bolívar. No comprende su papel de primer orden en la emancipación continental del colonialismo español ni su proyecto de construir una gran nación latinoamericana. (...) Resulta más que probable que las fuentes historiográficas –férreamente opositoras al líder independentista– que Marx encuentra en el Museo Británico y en consecuencia utiliza tiñan su sesgado análisis. (...) Para justificar la superficialidad o lo erróneo de esos juicios históricos de Marx se ha subrayado que su autor escribió esas líneas sobre Bolívar con extrema rapidez y únicamente con el fin de ganarse el pan». (Néstor Kohan; Del Bolívar de Karl Marx al marxismo bolivariano del siglo XXI; Simón Bolívar y nuestra independencia. Una lectura latinoamericana, 2013)

Está claro que a los trotskistas les gusta enormemente el chisme y la manipulación histórica tanto o más que a las polillas la luz, no pueden resistirse a ello, forma parte de su naturaleza ya que ante el horror que le supone la evidencia histórica tienden a fantasear para poder cuadrar su locura a través de todo tipo de especulaciones, ya que de otra forma su mundo idealista se les vendría abajo.

Pero lejos de lo que dice Kohan, Marx fue muy claro sobre su escrito «Bolívar y Ponte» de 1858, en una carta personal a Engels, reconoce que se ha alejado del tono para una enciclopedia como era el fin de su artículo, pero que no se arrepiente para nada de calificar a Bolívar como hizo allí, es más se mofa de él y le critica nuevamente para desgracia de todos esos bolivarianos marxistas de la actualidad que especulaban si el escrito fue un «error no meditado» o «un escrito forzado por las circunstancias económicas»:

«Charles Dana [coeditor de The New American Cyclopaedia] me pone reparos a causa de un artículo más largo sobre «Bolívar», porque estaría escrito en un partisan style [tono parcial, prejuiciado], y exige mis authorities [autoridades, fuentes] Estas se las puedo proporcionar, naturalmente, aunque la exigencia es extraña. En lo que toca al partisanstyle, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque». (Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, 14 de febrero de 1858)

viernes, 12 de abril de 2019

Lenin exponiendo el abstencionismo parlamentario de Bordiga


«El camarada Bordiga quería, por lo visto, defender aquí el punto de vista de los marxistas italianos; pero, sin embargo, no ha contestado ni a uno solo de los argumentos aducidos aquí por otros marxistas en defensa de la actividad parlamentaria.

El camarada Bordiga ha reconocido que la experiencia histórica no se crea artificialmente. Acaba de decirnos que es preciso trasladar la lucha a otro terreno. ¿No sabe, acaso, que toda crisis revolucionaria va acompañada de una crisis parlamentaria? Ha dicho, es cierto, que la lucha debe ser trasladada a otro terreno, a los sóviets. Pero el propio camarada Bordiga ha reconocido que los sóviets no pueden ser creados artificialmente. El ejemplo de Rusia demuestra que los sóviets pueden ser organizados o durante la revolución o inmediatamente antes de la revolución. Ya en tiempos de Kerenski, los sóviets –exactamente, los sóviets mencheviques– fueron organizados de tal manera que no podían en modo alguno formar parte del poder proletario. El parlamento es un producto del desarrollo histórico que no podremos suprimir de la vida mientras no seamos tan fuertes que estemos en condiciones de disolver el parlamento burgués. Únicamente siendo miembro del parlamento burgués se puede, partiendo de las condiciones históricas concretas, luchar contra la sociedad y el parlamentarismo burgueses. El mismo medio que emplea la burguesía en la lucha debe ser empleado también por el proletariado, como es natural, con fines completamente distintos. No puede usted afirmar que esto no es así, y si quiere impugnarlo, tendrá que tachar de un plumazo la experiencia de todos los acontecimientos revolucionarios del mundo.

Ha dicho usted que los sindicatos son también oportunistas, que también ellos representan un peligro; pero, por otro lado, ha dicho que es preciso hacer una excepción con los sindicatos, pues son una organización obrera. Mas eso es justo sólo hasta cierto punto. También en los sindicatos hay elementos muy atrasados. Una parte de la pequeña burguesía proletarizada, los obreros atrasados y los pequeños campesinos, todos esos elementos piensan, efectivamente, que en el parlamento están representados sus intereses; hay que luchar contra eso actuando en el parlamento y mostrando con hechos la verdad a las masas. A las masas atrasadas no se las puede convencer con la teoría: necesitan la experiencia.

sábado, 16 de marzo de 2019

Las tempranas e inesperadas escisiones del PCE (m-l) en 1965; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«El Partido Comunista de España (marxista-leninista) salió como escisión del Partido Comunista de España (PCE) en 1964, pero en sus orígenes, en su fundación, ya hubo dos escisiones tempranas. La primera cuando se debatía entre los grupos el camino a tomar y la segunda con el PCE (m-l) ya formado como tal. En ambos se presupone que fundamentalmente, debido a las ambiciones personales de los cabecillas pero también a fuertes divergencias ideológicas en los planteamientos.

Las causas de la ruptura del grupo de Suré y su andadura hasta 1968

Uno de los testigos del PCE (m-l), de aquella época, relataría que había diferencias profundas entre la forma de entender el partido:

«En octubre de 1964 tuvo lugar un nuevo viaje de Manolo a París. A su regreso supimos que se acababa de celebrar una reunión conjunta de los tres grupos pro-chinos –o «marxistas-leninistas» como habíamos decidido denominarnos, siguiendo la estela china–: la Oposición Revolucionaria del PCE que publicaba La Chispa (Ginebra); el «Partido Comunista de España» [Reconstituido], que publicaba Mundo Obrero Revolucionario, MOR; y nuestro propio grupo (Proletario). (...) Al día siguiente, martes 3 de noviembre, ese círculo de exdirigentes de La Chispa y MOR –Suré, Belmar-Bliz y sus parciales– lanzaron una disidencia frente al recién constituido PCEml. Habían sido elegidos al comité central, pero sabían que no podían manejarlo a sus anchas y que en lo ideológico estábamos los provenientes de Proletario, con unas tesis elaboradas y una plataforma doctrinal articulada. Y no querían eso. Querían ser ellos quienes cortaran el bacalao. (...) El I Pleno ampliado del comité central del PCEml se prolongó durante un número de días que no recuerdo y finalizó el 17 de diciembre. Formándose comisiones para estudiar las diferentes partes de la línea política que había que aprobar y también tuvieron lugar sesiones plenarias. Acudieron los del círculo disidente del 3 de noviembre. Los debates fueron amplios, profundos e intensos, plenamente sinceros y hasta a veces ácidos. Para la discusión, se formaron comisiones, que trabajaron durante días y noches, con brevísimas pausas para dormir, llegando casi a la extenuación. (...) El círculo disidente del 3 de noviembre quedó menguado, reducido a un exiguo corrillo, porque la base de exmiembros de MOR se unió a la mayoría casi unánime formada en el Pleno de Bruselas. Unos poquitos recalcitrantes rechazaron todo ese debate; apenas aceptaron participar en él, exigiendo un pronunciamiento previo sobre una cuestión de personas; al no inclinarse ante la decisión abrumadoramente mayoritaria, decidieron abstenerse del trabajo de las comisiones y de participar, por consiguiente, en las sesiones finales. Tras el Pleno ese puñado de irreductibles –con Suré a la cabeza– formará un grupo con la misma denominación del PCEml, sólo que ellos escribieron con mayúsculas la coletilla «(marxista-leninista)»; dudo que fuera deliberada esa sutil diferencia. Publicaron una revista que se llamó Mundo Obrero –igual que el órgano del PCE que dirigía Carrillo–. Mencionar a ese inoperante grupúsculo tendría escaso sentido –ni significaba nada ni tenía posiciones ideológicas propias –casi habría que decir que tampoco no-propias– si no fuera porque el partido comunista chino siempre le dio un respaldo económico y moral». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010)

Recordemos que por aquella época, muchos de los maoístas teorizaban que el partido debía construirse a la forma inversa que marca el leninismo: primero debían unirse organizativamente en un mismo grupo y después aclarar las posturas ideológicas y preparar el programa:

jueves, 29 de noviembre de 2018

Néstor Kohan como promotor de un histórico antileninista como Georg Lukács; Equipo de Bitácora (M-L), 2018


«Néstor Kohan es un trotskista de notable influencia en Argentina, Venezuela y sobre todo en la trotskizada Cuba. Es famoso por loar constantemente a Bolivar, Trotski, Guevara, Castro y toda figura que resulte agradable a ojos de los actuales socialistas del siglo XXI y demás oportunistas modernos. Pero por supuesto, a Kohan también le gusta ensalzar al filósofo y poeta Lukács, en especial por su lucha por reivindicar una revaluación del hegelianismo en «tiempos del stalinismo»:

«Con todos esos trabajos preparatorios, Lukács redacta en Moscú «El joven Hegel. Problemas de la sociedad capitalista». Lo termina en 1938 y lo presenta como tesis doctoral en diciembre de 1942. Aunque Lukács logra doctorarse –recibe el título en agosto de 1943–, la obra es recibida con silencio, signo de evidente desaprobación oficial. El joven Hegel no se publicó en la Unión Soviética. A él le dolió en el alma. Pero no pudo hacer nada. Su libro recién apareció en 1948 en Viena/Zürich y, seis años después, en 1954, en Alemania oriental. El silencio oficial y la no publicación en la URSS no fueron casuales. A pesar de haberlo terminado en 1938, tuvo que esperar toda una década para que viera la luz pública. No obstante pese a sus «autocríticas», los soviéticos no confiaban en él». (Néstor Kohan; En la selva. Los estudios desconocidos Che Guevara. A propósito de sus «Cuadernos de lectura de Bolivia», 2011)

No nos pararemos excesivamente en explicar absolutamente todos los bandazos históricos a izquierda y derecha de Lukács pues darían para todo un artículo, ni podemos tampoco pararnos demasiado en comentar los eventos que aquí son mencionados. Nos quedaremos simplemente con el hecho de que Kohan nos viene a decir que Lukács fue un intelectual ampliamente criticado por sus obras en la Unión Soviética, por lo cual era marginado, o que incluso sus obras no eran publicadas, lo cual es normal, debido a las teorías que escribía. Ni el Estado del proletariado ni los partidos comunistas del mundo tienen porqué gastar un centavo en promocionar obras que no valen el coste en producirlas ya que les son extraños. Y esto es algo que los intelectuales de partido y apartidistas más individualistas nunca han llegado a entender, que el gobierno revolucionario o el partido comunista que está luchando contra el capital nacional e internacional no está para hacer de mecenas y financiar sus aventuras doctrinales sino contribuyen a la causa del pueblo, a sus luchas cotidianas. Esto toma más significación si cabe, cuando hablamos de los artistas como músicos, poetas, pintores etcétera, que se suelen desviar fácilmente por la temática personal, por contarnos sus sensibilidades y diversos affaires de intelectual, que muchas veces son ajenos a la sociedad general, y a la clase obrera en particular.

De hecho Lukács es el clásico autor revisionista que cuando lanzaba sus obras recibía críticas en forma de avalancha por parte de sus camaradas nacionales e internacionales, ante lo cual, siendo un ser de endeble voluntad como para mantener sus pensamientos con firmeza, caía en pánico y decidía realizar una autocrítica prometiendo no volver a cometer dichos errores de forma cínica. 

viernes, 19 de octubre de 2018

El trotskismo boliviano, y sus concepciones sobre el ejército burgués y la revolución


«El trotskismo con su literatura repetitiva y palabrería insultante, también por su parte pretedió dividir al movimiento obrero, atacando al Comité Ejecutivo de la la Central Obrera Boliviana (COB). Sin embargo, caracterizado como está en nuestro medio, todas sus peroratas cayeron en el vacío.

En nuestro país, el trotskismo, cuyo aventurerismo y maximalismo es índice de que está huérfano de apoyo popular, plantea la toma del poder en todo tiempo y lugar, con la peregrina idea de que al influjo de la movilización gruesos sectores de las fuerzas armadas secundarán la acción obrera, le proveerán de armas y la toma de poder sería una realidad.

Esta concepción idealista niega el rol del partido de la clase obrera de conductor y guía de la insurrección, reduciendo dicho papel «únicamente (a) lanzar esta consigna, pero no (de) imponer desde el exterior la necesidad misma de ser gobierno, (puesto) que esto es resultado de un particular proceso interno que tiene lugar en las masas», según su dirigente Lora (Boletín Masas, Núm. XXX). Este increíble texto mucho más cercano de Hegel que de Marx, ignora la relación dialéctica entre el partido y las masas y atribuye al desarrollo de la conciencia para la toma del poder a un particular proceso –voluntarista– de las masas.

De ahí concluye el trotskismo en la necesidad de que sea un cierto sector del Ejército el que brinde el apoyo logístico a la insurrección armada popular, afirmando además que por su origen de clase los oficiales, clases y soldados del Ejército –todos ellos salidos del pueblo–, por esta situación, todos ellos se volcarán en favor de la clase obrera y determinarán el triunfo de la insurrección armada de las clases oprimidas.

Los oficiales, clases y soldados responden a una jerarquía que dentro del Ejército es inculcada, respetada y castigada cuando alguien pretende violarla. Los mandos superiores son los que deciden, y las órdenes, como ellos afirman, no se discuten, sino que se cumplen. De haber sido cierta la tesis trotskista que comentamos, las diferentes situaciones revolucionarias que se han presentado en nuestro país habrían dado lugar a tantas insurrecciones armadas y el pueblo y su clase obrera, en estos momentos, ya estaría en posesión del poder. Si el trotskismo quiere recurrir a la experiencia de la insurrección armada de 1952, no debe olvidarse de que en ese entonces hubo un partido, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que hegemonizó todo el proceso de la insurrección popular.

Además, hay razones sobradas para que los oficiales, clases y soldados de las fuerzas armadas estén divorciadas del pueblo; su condición de casta privilegiada que es antagónica a la situación e intereses de la clase obrera. De ahí que la labor voluntarista del trotskismo se estrelle contra la pared y no deje de ser un discurso lírico ajeno no sólo a nuestra realidad sino a la experiencia histórica de todos los pueblos». (Partido Comunista de Bolivia (marxista-leninista); Las gloriosas jornadas de marzo. El desafío histórico del proletariado minero y los trabajadores bolivianos frente a la burguesía y el imperialismo; Publicado en «Teoría y práctica», Nº5, 1985)

Anotación de Bitácora (M-L):

Ya dijimos una vez:

«1) El proletariado no puede dejar de tener su cuerpo militar bien para defenderse en las condiciones donde todavía no ha tomado el poder y porque debe ir curtiéndose en lo militar y preparar la toma de poder;

2) La participación dentro de los límites de la democracia burguesa no puede dar el anhelo al cambio político, económico y cultura que desea el proletariado, debe demoler toda la maquinaria del Estado burgués –el parlamento, los cuerpos represivos, las leyes burguesas, etc.– y crear un poder popular propio con su propio ejército popular, cambio al que la burguesía no estará dispuesta a contemplar de brazos cruzados ni de forma pacífica;

3) Cualquier reforma política que consiga el proletariado y las masas trabajadoras en el marco de la democracia burguesa debe ser una victoria de concienciación, un impulso para la revolución, que tomará en sus manos el poder político, y dependiendo del contexto y al ritmo debido, todos los medios de producción acabando con el capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016) 

Apúntese que otra desviación sobre el tema igual de errónea es creer como algunos ultraizquierdistas que dentro de los cuerpos represivos son un todo homogéneo ultrareaccionario, donde no existen elementos del pueblo con unas mínimas inclinaciones progresistas, o peor aún que en el caso de ser unos reaccionarios todos y cada uno de ellos: que no se debe realizar un trabajo entre ellos para desmoralizarlos y neutralizarlos y que por tanto había que abandonar toda agitación entre ellos. He aquí porqué de nuevo el rol del partido comunista es indispensable. Véase el post: Los comunistas y su trabajo dentro de los cuerpos represivos.

miércoles, 11 de julio de 2018

La Revolución Bolchevique a través de la distorsión trotskista; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Yezid Arteta Dávila

«Yezid Arteta Dávila, conocido líder de las FARC en los 80 y 90, arrepentido sobre el uso de la violencia armada para la toma de poder, poco después de su retirada de la lucha guerrillera hizo suyas las tesis pacifistas y socialdemócratas, actualmente es uno de los mayores propagandistas del nuevo rumbo de inclusión de las FARC en el panorama político democrático-burgués colombiano. Sus escritos nos van venir como anillo al dedo, pues reflejan lo que la mayoría de los líderes de las FARC han pensando sobre diversos acontecimientos históricos clave, así como las figuras de referencia para este grupo.

Escribiendo sobre la Revolución de Octubre en su 100 aniversario:

«En el curso de la humanidad pocas veces se ha juntado tanta genialidad política como ocurrió en Rusia en 1917. Lenin, Trotski, Inessa Armand, Mártov, Alexandra Kollontái, Bujarin, Sverdlov, Kámenev, Nadezhda Krúpskaya y un largo etcétera de mujeres y hombres que podían expresar sus ideas en varias lenguas sin perder la coherencia». (Yezid Arteta Dávila; 1917: Brillo y tiniebla, 11 de octubre de 1917)

jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Qué presentaba el trotskismo históricamente? Las vacilaciones personales de una figura oportunista


«Consideramos a Mártov como uno de los líderes del liquidacionismo, tanto o más peligroso cuanto más «hábilmente» defiende con frases casi marxistas a los liquidadores. Pero Mártov expone abiertamente las concepciones que imprimieron su sello a las corrientes enteras del movimiento obrero de masas de 1903-1910. En cambio Trotski, representa únicamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903 fue menchevique; abandonó el menchevismo en 1904; volvió al menchevismo en 1905, haciendo gala de una fraseología ultrarrevolucionaria; en 1906, se apartó de nuevo; a finales de 1906 defendió los acuerdos electorales con los kadetes –es decir, en los hechos estuvo otra vez con los mencheiques–; y, en la primera de 1907 dijo en el Congreso de Londres que divergía de Rosa Luxemburgo más sobre «matices individuales que ideas sobre tendencias políticas». Trotski plagia hoy el bagaje ideológico de una fracción, mañana de otra, y, como consecuencia, se proclama ubicado por encima de ambas fracciones. En teoría Trotski no está de acuerdo en ningún punto con los liquidadores y los otzovistas, pero en la práctica, está en un todo de acuerdo de los Golos y lo de «Vperiod». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sentido historico de la lucha interna del partido de Rusia, 1910)

sábado, 25 de noviembre de 2017

Stalin contra el intento de barnizar el leninismo de trotskismo y suplantar el leninismo por el trotskismo


«¿En qué consiste el principal pecado de la oposición, determinante de la bancarrota de su política? El principal pecado de la oposición consiste en que ha intentado, intenta e intentará todavía barnizar el leninismo de trotskismo y suplantar el leninismo por el trotskismo. (...) ¿En qué consiste la tarea fundamental del actual bloque unificado que encabeza Trotski? En hacer pasar, poco a poco e insensiblemente, el Partido del cauce del leninismo al del trotskismo. Tal es el principal pecado de la oposición. Ahora bien, el Partido quiere seguir siendo un partido leninista. Es natural que el Partido haya vuelto la espalda a la oposición, levantando más y más la bandera del leninismo. Por eso, hombres que ayer fueron líderes del Partido se han convertido hoy en apostatas.

La oposición cree «explicar» su derrota invocando lo personal, la rudeza de Stalin. (...) Eso es charlatanería, y no explicación. Trotski viene luchando contra el leninismo desde 1904. Desde 1904 hasta la revolución de febrero de 1917, Trotski mariposeó constantemente alrededor de los mencheviques, al tiempo que sostenía una lucha desesperada contra el Partido de Lenin. En aquel período, Trotski sufrió toda una serie de derrotas, que le infligió el Partido de Lenin. ¿Por qué? ¿Quizá se debiera a la rudeza de Stalin? Pero Stalin no era entonces secretario del C.C., se hallaba muy lejos del extranjero, luchando en la clandestinidad contra el zarismo, mientras que la lucha entre Trotski y Lenin se desarrollaba en el extranjero. ¿A qué viene, pues, la rudeza de Stalin?

Desde la Revolución de Octubre hasta 1922, Trotski, militando ya en el Partido Bolchevique, realizó dos «grandiosas» intentonas contra Lenin y su Partido: en 1918, en el problema de la paz de Brest-Litovsk, y en 1921, en el problema de los sindicatos. Las dos intentonas terminaron con la derrota de Trotski. ¿Por qué? ¿Quizá tenga la culpa la rudeza de Stalin? Pero Stalin todavía no era secretario del C.C., secretarios eran entonces trotskistas de todos conocidos. ¿A qué viene, pues, la rudeza de Stalin? Más tarde, el Partido sufrió toda una serie de nuevas intentonas de Trotski (1923, 1924, 1926 y 1927), que fueron terminando con nuevas derrotas de Trotski.

¿No indica todo esto claramente que la lucha de Trotski contra el Partido leninista tiene raíces lejanas, profundas, históricas? ¿No indica todo esto claramente que la actual lucha del Partido contra el trotskismo es la continuación de la lucha que sostuvo el Partido, bajo la dirección de Lenin, desde 1904?

¿No indica todo esto claramente que los intentos de los trotskistas de suplantar el leninismo por el trotskismo son la causa fundamental del fracaso y de la bancarrota de toda la línea de la oposición?

Nuestro Partido nació y creció en la tempestad de las batallas revolucionarias. No es un partido que naciera en un período de desarrollo pacífico. Precisamente por esto está lleno de tradiciones revolucionarias y exento de todo fetichismo por sus líderes. Plejánov fue en un tiempo el hombre más popular del Partido. Todavía más: fue un fundador del Partido y su popularidad no admite parangón con la de Trotski o Zinóviev. Y, pese a todo, el Partido le volvió la espalda en cuanto Plejánov comenzó a apartarse del marxismo hacia el oportunismo. ¿Qué tiene de sorprendente que hombres no tan «grandes» –como Trotski y Zinóviev– se vean a la cola del Partido cuando han comenzado a desviarse del leninismo?». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La oposición trotskista, antes y ahora; Discurso en la reunión del Pleno conjunto del C.C. y de la C.C.C. del P.C.(b) de la URSS, 23 de octubre de 1927)

Anotación de Bitácora (M-L):

La defensa de Stalin de los principios del marxismo-leninismo frente al intento trotskista de vender su mercancía como leninismo, fue un gran hito histórico, fue el mismo dilema que se presentó después cuando otros oportunistas intentaron lo mismo en años venideros. Solo hay que echar la vista atrás y ver como los maoístas primero alegaban que el pensamiento-guía del partido es la adaptación del marxismo-leninismo a las peculiaridades del país, o lo que era lo mismo en China, declarar que el «pensamiento Mao Zedong» no era distinto al marxismo-leninismo sino la adaptación de este último a China, y de ahí, pasar a decir tras la muerte de Stalin, que si bien su pensamiento-guía tiene relación, nexos, con el marxismo-leninismo, este es un nuevo pensamiento, original, que había desarrollado y superado al marxismo-leninismo, formando una doctrina superior, y que incluso la figura de la nueva doctrina rectora, era superior a todas las precedentes en el marxismo-leninismo. En el caso del titoismo, el juche o el eurocomunismo ha sido similar. Las propias ramas del trotskismo y sus líderes en años venideros dirían que los aportes de Trotski superaban en demasía a los de Lenin, proclamándole «verdadero inspirador» de la Revolución de Octubre y el «marxista más grande del siglo XX». Por tanto todos los oportunistas que quieren conjugar estas ideologías antimarxistas con las figuras centrales del marxismo deben ser considerados como gente inmadura o en su defecto charlatanes oportunistas de marcado carácter ecléctico.

viernes, 13 de octubre de 2017

La teoría trotskista del doble poder, contraria a la guerra popular y la dictadura del proletariado


«La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario, es imposible sin urna revolución violenta». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

En los momentos actuales, al mismo tiempo que el revisionismo moderno se esfuerza por adormecer a las nasas trabajadoras con ilusiones acerca de la posibilidad del paso pacífico y la conquista del socialismo por medios pacíficos y la vía parlamentaria, que desnaturaliza por completo las enseñanzas de Marx y Engels acerca de la necesidad de destruir el aparato estatal burgués mediante la violencia revolucionaria, y también las de Lenin, Stalin. (...) Los neotrotskistas de «Unidad» P.C.I. y de otros grupos trotskistas, esgrimen de manera general la teoría del «doble poder», con la que tratan de hacer creer a las masas trabajadoras y a otros sectores populares –como el estudiantado revolucionario, por ejemplo–, que cualquier comité de fábrica, cualquier organización sindical, constituye un elemento de «doble poder» –de poder obrero o popular–. Ante esta mistificación acerca del papel y de los mecanismos y medios de dominio del Estado capitalista, conviene aclarar algunas cuestiones elementales acerca del papel del Estado burgués en tanto que instrumento dominación de la burguesía y también acerca de la dictadura del proletariado como forma de Estado popular revolucionario. Es preciso para ello remitirnos a las experiencias de gran valor científico que sobre esta importante cuestión de la función del Estado y de sus mecanismos sacaron Marx y Engels al analizar la experiencia de la Comuna de París, experiencias que Lenin a su vez estudia y actualiza, en su importante obra «El Estado y la Revolución». Estos valiosos escritos (...) ponen en relieve de manera inequívoca el principio de la necesidad de la destrucción mediante la violencia revolucionaria –la lucha armada popular– del aparato del Estado burgués, y de que sólo tras haber destruido de ese modo el poder estatal de la reacción, puede crearse el Estado proletario, la dictadura del proletariado en su forma pura y compartida con otras capas no proletarias –bajo la dirección de la clase obrera en alianza con el campesinado–.

La teoría de Trotski del «doble poder» tergiversa algunos escritos de Lenin en vísperas de la Revolución rusa de 1917. A este respecto, Lenin dijo concretamente:

«Las armas están ahora en manos de los soldados y de los obreros y no en manos de los capitalistas». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tareas del proletariado en nuestra revolución, 23 de abril de 2017)

Y precisa para que no hubiera lugar a dudas:

«Esta situación ha entrelazado, formando un todo, de dictaduras: la dictadura de la burguesía.(...) y la del proletariado y los campesinos, el soviet (...) que se apoya indudablemente en la mayoría absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tareas del proletariado en nuestra revolución, 23 de abril de 2017)

Vemos, pues, como esa situación sólo puede darse de manera transitoria una vez que las masas revolucionarias están armadas y en una situación de revolución abierta. Pero Lenin precisaba, no obstante, que esa cualidad era algo «excepcional», «extraordinariamente peregrino» y que ese «entrelazamiento» no está en condicionas de sostenerse mucho tiempo. Es de señalar, además que, dos meses antes que Lenin escribiera estas líneas –abril de 1917–, las masas populares se habían sublevado y se habían apoderado de las armas, y que el Estado, burgués estaba prácticamente en descomposición y quebrantado al máximo como consecuencia de la guerra interimperialista.

Actualmente, la teoría del «doble poder» constituye uno de los aspectos más importantes de las distintas corrientes trotskistas, que, como vemos, es un punto de entronque con las concepciones pacifistas de los socialdemócratas y de los revisionistas modernos, ya que todos ellos coinciden en no plantearse la necesidad de preparar a las masas revolucionarias para la lucha armada, para la guerra popular, sino que pretenden que, o bien a través del parlamentarismo, o la huelga general pacífica, o mediante organización del doble poder basado en los sindicatos, o comités obreros, se puede llegar a conquistar el poder e implantar el socialismo. No es esta una afirmación gratuita por nuestra parte. Remitimos a nuestros lectores a las publicaciones de los revisionistas carrillistas, –Mundo «Obrero», en particular– de los últimos años, y también a los panfletos que de vez en cuando sacan a la luz el grupo «Unidad»-P.C.I., Acción Comunista , y también algunos elementos trotskistas del P.L.P. y otros –F.O.C. etc.–.

viernes, 14 de julio de 2017

¿Definitivamente cuál es la mejor forma para discernir si había una economía socialista o capitalista en la URSS?; Equipo de Bitácora (M-L), 2016



«Primer prueba. Si a uno no le acaba de convencer el ver estos signos de capitalismo teóricos en la URSS enunciados por sus economistas, quizás puede que le convenza el hecho de no ver socialismo por ningún lado en su economía –pero claro para ello se deben de tener conocimientos de que es socialismo según el término marxista de primera etapa del comunismo, y creemos que la mayoría de gente que apoya la tesis de que la URSS revisionista era socialista precisamente es porque carece de estos conocimientos–.

Segunda prueba. El no ver socialismo ya no sólo en la teoría sino en la práctica. Como dijimos la URSS de aquellos años jruschovistas-brezhnevistas, su economía no se regía por lineamientos socialistas, su economía al estar basada en la ley del valor no pretendía «asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales», «ley del desarrollo armónico» y demás, esas leyes socialistas no operaban en esa URSS posterior a 1953, las leyes de producción capitalistas sí; la rentabilidad de las empresas se explicaba en el «máximo beneficio». ¿Se necesita acaso algún ejemplo más? De acuerdo, si miramos el hecho de que la ley del valor al ser el rector, el plan en la URSS era cambiado a menudo por designios del mercado y su espontaneidad, algo que Stalin comentaba cuando habla del tipo de «planificación» de los países capitalistas, donde las cifras del plan eran orientativas pero no obligatorias, no existiendo ni pudiendo existir por tanto una verdadera planificación real. La URSS revisionista-capitalista al tener una planificación basada en los designios del mercado realizaba estas rectificaciones en el plan constantemente. Otro aspecto es que esta «planificación» en la URSS posterior a Stalin no garantizaba siquiera mantener la independencia económica –y si no véase su paulatino endeudamiento y dependencia comercial de los países occidentales–, cuando precisamente el mantener la independencia económica fue el axioma que Stalin planteaba como primordial para ejercer una planificación socialista, para llamarse planificación socialista. Por tanto no hay nada que defienda que la economía soviética de aquellos años seguía siendo socialista, todo indica que era capitalista, su teoría y su práctica así lo exponen, no hay más ciego que quién no quiere ver.

Tercera prueba. ¿Cómo podemos ver de forma definitiva si un país es capitalista? ¿Sólo con la teoría capitalista de sus economistas? Obviamente la teoría de sus economistas es de un buen grado demostrativo, pero es más importante ver su práctica, y de ella sus resultados, es decir podemos darnos cuenta del carácter del régimen por los fenómenos sociales y económicos que exponen la práctica de esas teorías. Ya hemos visto durante el documento varias de las consecuencias económico-sociales de la implantación de las reformas económicas, pero recordemos algunos de sus efectos.

Los fenómenos socio-económicos en la URSS, eran los mismos que en cualquier otro país capitalista: para el momento de la invasión de Checoslovaquia en 1968, o la muerte de Brézhnev en 1982 –por poner unas fechas–, los fenómenos de la política interior y exterior como: la inflación, el desabastecimiento, la militarización de la economía, la deuda, descompensación entre regiones, descompensación entre sectores económicos, modificación y no cumplimiento del plan, destrucción de las fuerzas productivas, desempleo, esquilmación neocolonial de otros países, mercado negro, enorme diferenciación salarial entre rangos, invasiones o promoción de golpes en terceros países, etc. eran fenómenos capitalistas implantados en el país que demuestran la restauración del capitalismo y su carácter imperialista. Se sobreentiende perfectamente que el lector puede ver estos fenómenos en su propio país, y que otros de ellos los puede ver diariamente en el desarrollo político, económico y social de las potencias imperialistas actuales, no hay pues trampa ni cartón cuando afirmamos que si la URSS de aquellos años tenía esos rasgos es porque era un país capitalista y socialimperialista.

Para nosotros el informe de Enver Hoxha en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1981 es una de las mejores radiografías que existen de los fenómenos capitalistas de la economía soviética en aquella época:

1) Como fenómenos internos se veía que:

«Para abrir el camino a la restauración del capitalismo, los revisionistas jruschovistas golpearon las tesis fundamentales de la teoría marxista-leninista sobre la producción de mercancías y la acción de la ley del valor en el socialismo. Identificaron en la teoría y en la práctica la producción socialista de mercancías con la producción capitalista. Sobre esta base reformaron todo el mecanismo económico. Gradualmente las empresas económicas y también un considerable número de instituciones alcanzaron una mayor independencia respecto a los planes del Estado. A los dirigentes de las empresas y de las diversas instituciones se les concedieron grandes derechos y poder para dirigir y manipular la producción y la distribución, para contratar y despedir obreros, repartir los beneficios, etc. Se limitó la financiación estatal centralizada a las empresas existentes y se fue ampliando gradualmente la práctica de la autofinanciación y la utilización de créditos.

Los revisionistas soviéticos pretenden que su economía está dirigida y se desarrolla sobre la base de planes elaborados según el principio del centralismo democrático. Pero, el plan del Estado, como lo conciben en teoría y lo aplican en la práctica, no es ni puede ser de ningún modo el plan de una economía verdaderamente socialista. En la Unión Soviética conviven el centralismo burocrático de tipo monopolista y el amplio liberalismo económico en la base. Se ofrece la imagen de una dirección planificada de la economía, mientras en la práctica tienen campo libre de acción las leyes y las categorías económicas del modo capitalista de producción.

El consumo parasitario ha adquirido proporciones sin precedentes. La proporción entre la remuneración de los obreros y los administradores burócratas y tecnócratas de la producción, sobre la base del sueldo nominal, es de 1 : 10, pero con los ingresos a título de distribución de los beneficios, las múltiples recompensas, los innumerables privilegios, etc., esta proporción se agranda mucho más. Resulta difícil distinguir estas diferencias salariales y del modo de vida de las que existen entre los administradores burgueses y los obreros de los países de Occidente.

En unas condiciones en las que el salario por el valor de la fuerza de trabajo está formado en un 35-40 por ciento por la distribución de los beneficios y de manera descentralizada, en que las normas de trabajo no son únicas y se aplican igualmente de manera descentralizada, en que el estímulo material en beneficio de la nueva burguesía tiene prioridad absoluta y en que la inflación, particularmente como resultado de la militarización de la economía, que absorbe 1/3 de los ingresos nacionales, crece constantemente, la sociedad en esencia ha perdido el verdadero control sobre la medida del trabajo y del consumo, que constituyen dos llaves fundamentales para una economía socialista.

Todo esto y una serie de medidas de carácter capitalista, que fueron pregonadas como desarrollo creador de la teoría y la práctica económica marxista-leninista, tenían por objetivo desmantelar las bases de la economía socialista y lo consiguieron.

Las consecuencias de esta línea se observan en la vida diaria del pueblo soviético. En el mercado existe carencia de artículos de primera necesidad, han aumentado la inflación, el desempleo, la fluctuación de la fuerza de trabajo, se registran alzas declaradas y no declaradas de los precios de los diversos productos. Se ha ampliado el sector privado de la economía, se ha abierto las puertas al capital monopolista extranjero, florecen el mercado negro, la especulación, los abusos, el soborno y los fraudes». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

2) Y como fenómenos externos de su estructura capitalista se veían también reflejado que:

«La restauración del capitalismo en el interior del país no podía sino conducir también a un cambio radical en la esfera de las relaciones internacionales y en la política exterior del partido comunista y del Estado soviéticos. El revisionismo jruschovista se fue transformando gradualmente en la ideología y la política de una nueva superpotencia imperialista que justifica y defiende el expansionismo, la agresión y las guerras para establecer la dominación mundial. Son engendro de esta ideología y esta política las nefastas teorías de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «integración económica, política y militar» de los países de la llamada comunidad socialista, a los que han atado de pies y manos y transformado en países vasallos. En el XXVIº Congreso del PCUS de 1981, Leonid Brézhnev calificó estas relaciones de «relaciones entre los pueblos», para borrar así toda identidad nacional y estatal.

Con el fin de alcanzar sus objetivos expansionistas y neocolonialistas, el socialimperialismo soviético ha inventado una teoría, según la cual ningún país puede liberarse y defenderse del imperialismo ni desarrollarse de manera independiente sin la ayuda y la tutela soviética. Especula con la consigna de la «ayuda internacionalista» para desatar agresiones y saquear las riquezas de los demás países.

Toda la política exterior expansionista, hegemonista y agresiva de la Unión Soviética socialimperialista constituye otra prueba, otro testimonio de que el régimen soviético es un régimen capitalista, porque sólo un régimen así puede practicar tal política en la arena internacional. Como afirmaba Lenin, la política exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país. Las máscaras socialistas y comunistas que aún pretenden conservar los revisionistas soviéticos, se van cayendo ante su realidad capitalista y ante la política socialimperialista que aplican». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)


jueves, 6 de julio de 2017

La teoría de que con una dirección política revisionista existe socialismo en lo económico; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Jruschov y Guevara

«Durante largo trecho ha existido una teoría populizada entre los revisionistas prosoviéticos de que pese a todo: pese a una dirección infectada de revisionistas se mantenía o se profundizaba la construcción del socialismo en la Unión Soviética. E incluso que no apoyar a esa Unión Soviética era «hacerle el juego al imperialismo». Esa teoría no tiene ni pies ni cabeza. Como dijo ya en su día Enver Hoxha, la conquista del poder político por elementos revisionistas –y eso incluye una moral y visión económica aburguesada del mundo– no podía tener otro fin que sus manifestaciones en reformas económicas y por ende con extensión culturales:

«El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción. Han introducido en la economía soviética un sistema de organización y de dirección en el que el objetivo de la producción es el lucro capitalista. El actual Estado soviético, como un capitalista colectivo, administra los medios de producción en nombre y en interés de la nueva burguesía soviética. La propiedad común socialista se ha transformado en un capitalismo de Estado de nuevo tipo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania: Obras Escogidas, Tomo IV, 1 de noviembre de 1971)

¿Existe acaso algo más certero que estas palabras para refutar esa teoría insana?

Pero no nos quedemos solo ahí. ¿Que suponía para las masas trabajadoras apoyar la teoría de que «pese a todo la dirección soviética revisionista construía el socialismo»? Suponía que el proletariado internacional creyese que los defectos y fenómenos capitalista de la URSS de los revisionistas soviéticos, eran consecuencia del modelo político-económico del socialismo marxista-leninista, por lo que sí se transigía con aceptar a la URSS capitalista y socialimperialista como país de tipo socialista se estaba actuando como espantapájaros del verdadero socialismo delante de las masas trabajadoras que relacionarían y no verían diferencia entre la economía socialista y los males de la economía capitalista, ni la diferencia entre el internacionalismo proletario con el chovinismo y el imperialismo burgués. ¿Qué suponía crear ilusiones de que eran errores menores y que podían ser subsanados? Traía como consecuencia la confusión de los revolucionarios y las masas soviéticas sobre el carácter del Estado y el partido gobernante en la práctica económica. Además, el marcado carácter socialfascista podía arrastrar a trazar una estrategia errónea e ilusa de un mayor uso de tácticas pacifistas y legalistas como si se estuviera en una democracia burguesa, con lo que con ese descuido lo acabarían pagando más fácilmente con la cárcel o la muerte al intentar corregir los «fallos del sistema»:

«La confusión es aún mayor a causa de que los revisionistas jruschovistas intentan vender por socialismo la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y en otros lugares. Su demagogia confunde a mucha gente honrada, que al criticar con justa razón numerosos fenómenos negativos en la vida de la Unión Soviética y de los demás países revisionistas, identifican el régimen de su país con el socialismo y las consecuencias de la restauración del capitalismo se las atribuyen al socialismo. Las otras corrientes revisionistas, que tienen contradicciones con la dirección soviética, critican el «modelo soviético de socialismo», como burocrático y totalitario y hacen propaganda de su modelo «democrático y humanitario», que no es sino otra variante del capitalismo. También los elementos y grupos trotskistas intentan aprovechar la degeneración burguesa del socialismo, en los países donde están en el poder los revisionistas, con el fin de difundir sus calumnias contra el socialismo que, por lo demás, han sido alimentadas por los propios revisionistas con sus teorías y prácticas antimarxistas. En estas condiciones la defensa de la teoría y de la práctica del socialismo científico frente a los ataques y deformaciones de los revisionistas modernos de diverso color y matiz y de las otras corrientes burguesas y pequeño burguesas, es una de las más importantes tareas de la lucha ideológica de hoy. (...) Los males de su política interior y exterior no son males del socialismo, como los presenta la propaganda burguesa y los que han caído en su trampa y se hacen eco de dicha propaganda. Son males inherentes al sistema capitalista que ha sido restaurado en la Unión Soviética. Estos males no pueden ser eliminados con reparaciones parciales. Toda ilusión en este sentido sería muy peligrosa. Sólo serán eliminados cuando sean derrocados los revisionistas y se restablezca la dictadura del proletariado». (Enver Hoxha; El marxismo-leninismo, doctrina siempre joven y científica, 1 de noviembre de 1971)

Dejemos las palabras del marxista-leninista francés Vincent Gouysse criticando a los prosoviéticos y las consecuencias de su apoyo a estas teorías insanas sobre la URSS revisionista-capitalista en los trabajadores del mundo:

«¡Que aquellos que han sostenido durante décadas a los países burgueses-revisionistas y que aún continúan haciéndolo so pretexto de la «defensa del socialismo» consideren el problema desde este ángulo! Para Lenin, la lucha intransigente contra el revisionismo era la condición para la existencia del partido comunista revolucionario. Bien, ¿es que acaso esta lucha es menos necesaria cuando el partido comunista es gobernante? ¿Cuando estos revisionistas usurpan el poder, defendemos mejor el socialismo, a través de la unidad con ellos o denunciándolos y desenmascarándolos? ¡Solamente los pequeño burgueses y los lacayos de la burguesía pueden afirmar que debemos darle cualquier tipo de apoyo, o incluso un apoyo «crítico»! ¡El hundimiento del poder de las camarillas burguesas-revisionistas demostró por otra parte la peligrosidad de tales apoyos, el rol objetivo de engaño y desmoralización en los trabajadores!». (Vincent Gouysse; El socialimperialismo soviético: génesis y colapso, 2007) (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas cuestiones económicas sobre la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y su carácter socialimperialista, 2016)

Anotación de Bitácora (M-L):

Esto impulsado en su momento por el trotskismo, influyendo posteriormente a otras corrientes revisionistas:

«-La teoría de que puede existir un Estado políticamente proletario bajo una economía socialista con la dirección de dirigentes revisionistas en el partido dirigente –teoría que influiría notablemente en los análisis idealistas de otros revisionismos–. Lo que convierte al trotskista en un creador de teorías ilusorias sobre el carácter de un verdadero Estado proletario y socialista; niega el análisis de clase del Estado y el carácter de las relaciones de producción existentes. Dando en muchos casos el trotskista un «apoyo crítico» a regímenes revisionistas, siendo por tanto defensor de una más de las variantes de dominación de las clases trabajadoras por la burguesía –revisionista–». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el falso antitrotskismo, 3 de enero de 2017)

martes, 28 de marzo de 2017

Las vacilaciones sin principios hacia la «izquierda» y la derecha, es un rasgo común del trotskismo


«Las vacilaciones sin principios a la «izquierda» y la derecha, la unidad a veces con los oportunistas de extrema derecha extrema y en otras ocasiones con los elementos extremistas y aventureros de «izquierda», es también un rasgo característico de los conceptos y actitudes de los trotskistas. Así, por ejemplo, por un lado, que persiguen la política así llamada del «entrismo», es decir, la fusión de los grupos trotskistas con otros partidos, entre ellos los partidos socialdemócratas derecha, mientras que por otro lado se tiende furiosamente a atacar la política antifascista de los frentes populares, describiéndolo como una «política oportunista de colaboración de clases». Por un lado los trotskistas ponen por los cielos el uso de la violencia al azar, apoyan e incitan a los anarquistas y los movimientos de «izquierda» que carecen de perspectiva y de un programa revolucionario claro, trayendo una gran confusión y desilusión en el movimiento revolucionario, como las revueltas caóticas de los grupos armados o la guerra de guerrillas no basadas en un amplio movimiento de masas organizado. Así, abogan por el aventurismo político y el golpismo, mientras que también por otro lado recomiendan para el movimiento obrero unas «estrategias» y «tácticas» en la lucha por el socialismo, que son idénticas a la línea reformista de los revisionistas de derecha. Véase la obra de Pierre Frank: «La Cuarta Internacional» de 1969 o la obra de Kostas Mavrakis: «Sobre el trotskismo» de 1971. Estas vacilaciones, la mezcla ecléctica de conceptos más derechistas con los de la extrema izquierda, no son solo una expresión de la naturaleza esencialmente pequeño burguesa del movimiento trotskista, sino también una manera de desintegrar y desorientar al movimiento obrero.

Todo esto demuestra que la característica fundamental de la política de hoy en día del trotskismo es, al igual que en el pasado, la revolución en las palabras y el debilitamiento y el sabotaje del movimiento revolucionario en la práctica». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

No solo el revisionismo trotskista tiene la característica de aunar en su seno desviaciones de izquierda y derecha. Otras corrientes revisionistas como el revisionismo chino o maoísmo, también se han caracterizado por reunir en un mismo seno tanto desviaciones derechistas e izquierdistas, y como su propio creador afirmó tanto los de la facciones de izquierda como las facciones de derecha pueden utilizar sus palabras para justificarse. En una corriente revisionista siempre habrá una tendencia que es más pronunciada que la otra, y generalmente suele ser el derechismo que suele primar sobre el izquierdismo por el desarrollo histórico que se ha dado en el movimiento revolucionario pero esto no siempre tiene porqué ser así, además debido a las particularidades de cada país, a la historia de la organización o a los nuevos cambios dialécticos del momento pueden estar más pronunciadas unas tendencias u otras. 

Si repasamos la obra de Lenin «Qué hacer» (1902), observaremos que en el capítulo: «¿Qué hay de común entre el economismo y el terrorismo?» hace una curiosa pero acertada comparativa entre ambas corrientes: desviacionistas de derecha los primeros y desviacionistas de izquierda los segundos, pero que albergan como hilo común el espontaneísmo, el pragmatismo y la alergia al estudio de la teoría cometiendo errores del mismo calado. Por tanto muchas veces los desviacionistas de derecha convergen con los de izquierda en el resultado de sus errores o en la motivación de ellos.

En el caso del trotskismo, podemos encontrarnos que rechazan la época de la IC de los frentes populares (1935-43), pero a la vez se quejan del llamado «tercer periodo» (1928-34) cuando la IC restringió los frentes «solo por abajo», cuando la IC stalinista calificó con demasiada ligereza a sus dirigentes como anaco-fascistas o socialfascistas –esto último algo que, por cierto, ya había ocurrido cuando Trotski, Zinoviev o Bordiga estaban en dicho organismo en los años 20–. En su día el marxista-leninista albanés Agim Popa señaló la inconsistencia de que los mismos que propagaban el entrismo como forma de militancia y proponen la alianza sin condiciones con todo tipo de grupos confusos.